El Giro hace vibrar a Milán: del asfalto cortado de hoy a las cicatrices históricas de Verbania

Este domingo 24 de mayo de 2026, Milán se viste de rosa para bancarse una de las jornadas que más manija genera en el Giro d’Italia. Hablamos de un circuito urbano que va a atravesar los rincones más icónicos de la ciudad y que, lógicamente, trae aparejado un operativo de tránsito fenomenal para garantizar la seguridad de los ciclistas. La bajada de línea desde el Municipio y la organización es clarita: hay que darle bola a las indicaciones oficiales, planificar los movimientos con tiempo y subirse al transporte público solo siguiendo la hoja de ruta que dispuso ATM.

La hoja de ruta y el laburo de logística

Las vallas se levantan a las 11:30 de la mañana y el corte de tráfico va a durar hasta que termine la carrera, calculale cerca de las 18:00. El circuito de esta etapa, que une Voghera con Milán y cuyo recorrido completo ya está subido a la web, se va a repetir cuatro veces. Además de las calles cortadas, ojo con dejar el auto tirado por ahí, porque rige la prohibición de estacionamiento con remoción forzada desde las 18:00 del sábado 23.

Acá te detallo las zonas por donde no va a volar ni una mosca motorizada en Milán:

  • Vía della Chiesa Rossa y Vía San Domenico Savio

  • Plaza Abbiategrasso y Vía Medeghino

  • Plaza Agrippa, Vía Valla y Vía Lampedusa

  • Las avenidas (Viale) Toscana, Isonzo, Umbria, Piceno, dei Mille y Abruzzi

  • Piazzale Lodi, Dateo y Plaza Ascoli

  • Piazzale Loreto (acá el recorrido va en contramano)

  • Corso Buenos Aires, Plaza Oberdan y Corso Venezia

  • Vía San Damiano, Vía Visconti di Modrone, Vía Mascagni y Viale Bianca Maria

  • Plaza 5 Giornate, Viale Regina Margherita y las vías Campi, Spartaco y Maestri Campionesi

  • Viale Tibaldi y Viale Liguria

Toda esta fiebre ciclista, los cortes y la multitud amontonada contra las vallas es un ritual que el Giro arrastra por cada rincón de Italia. Un ritual que muchas veces se entremezcla con la historia pesada. Es imposible ver el despliegue en Milán sin que la memoria se vaya un poco más atrás, hacia otras ciudades donde la caravana dejó una marca imborrable, como es el caso de Verbania.

Burbujas, barbijos y la herida del Mottarone

La última vez que el Giro pisó Verbania, el aire se cortaba con cuchillo. El clima de fiesta rosa estaba manchado por el gris de la tragedia. Era el 29 de mayo de 2021, época de protocolos, burbujas sanitarias y restricciones a mansalva. Pero la verdadera sombra que cubría la partida de esa 20ª etapa (que terminaba en Suiza, en Alpe Motta, tras domar el San Bernardino y el Spluga) era la tragedia del teleférico del Mottarone, una herida todavía tatuada en la piel de toda la región.

De hecho, el día anterior, en el tramo Abbiategrasso-Alpe di Mera, la organización tuvo que desviar el recorrido hacia Gignese a pedido de las autoridades, esquivando el Mottarone por respeto al luto. Esa tarde la etapa se la llevó Simon Yates, mientras Egan Bernal aguantaba estoico la maglia rosa.

En ese contexto tan denso, Filippo Ganna llegó a la soleada plaza Garibaldi de Verbania cerca del mediodía para que lo declaren ciudadano ilustre. Todos lo querían abrazar, pero los protocolos mandaban. Estaban los capos de ayer y de hoy, como Antonio Riva, Carlo Tacchini o Ivan Zucco, saludando a la distancia. La única a la que le importó cero el distanciamiento social fue a Mya, la perra del campeón, que le saltó encima, robándose la escena y sacándole una sonrisa a todo el mundo debajo de los tapabocas. Así y todo, el pibe de Vignone se las arregló para saludar a los chicos del Pedale Ossolano, el club que lo vio nacer y al que hoy banca a full con su «Filippo Ganna Academy».

La épica pura: de Gilbert al hachazo de Contador

Si buscamos un cierre de etapa en Verbania, hay que retroceder hasta el 28 de mayo de 2015, el día que el belga y ex campeón del mundo, Philippe Gilbert, metió un monólogo inolvidable llegando a Pallanza desde la localidad suiza de Melide. Era un regreso con toda la pompa, inflado por la nostalgia de aquel Giro del 92, cuando Miguel Indurain, Claudio Chiappucci y Franco Chioccioli dieron un espectáculo bárbaro en la Alpe Segletta.

En 2015 no subieron la Segletta, pero se mandaron por el inédito monte Ologno, una subida que ni Gilbert ni casi nadie del pelotón junaba, sacando a los del Androni que habían intentado reconocerla en primavera y se toparon con la nieve. En esas mismas rampas, Alberto Contador pegó un hachazo tremendo vistiendo la maglia rosa para estirar la ventaja sobre sus perseguidores, entre los que andaba un Fabio Aru que terminaría ganando al día siguiente en la Gravellona Toce-Cervinia.

Los cimientos de la leyenda

Verbania ya tenía historia cruzada con el Giro desde los años veinte, pero la bisagra histórica fue la etapa Saint Vincent-Verbania de 1952. Un delirio de casi 300 kilómetros que, además, marcó el debut absoluto del Passo del Sempione en la carrera rosa. Aquella vez, en Pallanza, todo se definió al sprint: el suizo Fritz Schaer le comió la espalda a Alfredo Martini (quien luego sería un histórico DT de la selección italiana), mientras un tal Fausto Coppi controlaba de cerca a Gino Bartali, regulando las piernas para ganar su cuarto Giro al día siguiente, justamente en el trayecto Verbania-Milán.

Las salidas desde esta zona también tienen su peso específico en los libros. Aparte de la del 52 y la del 92 con Indurain yendo hacia Vigevano, está el recuerdo imborrable de 2011. Venían de trepar el Mottarone y enfilar hacia las faldas del Monte Rosa en Macugnaga, en una jornada donde Contador atacó pero terminó bajando un cambio para regalarle la victoria a su ex gregario, Paolo Tiralongo; una escena digna del libro Corazón.

Al otro día, la caravana salió desde el Tecnoparco de Fondotoce rumbo a Sestriere para la penúltima paliza de ese año. Contador defendería el primer puesto hasta el final, pero la historia, implacable, le sacó el título por escritorio tiempo después a causa de una descalificación. ¿Y a quién le quedó ese Giro servido? Al enorme e inolvidable Michele Scarponi.